Dentro de la naturopatía y algunas corrientes del crudiveganismo existe la hipótesis de que el ser humano estaría anatómicamente más cerca de un frugívoro que de un omnívoro estricto. Vale la pena conocerla con espíritu crítico.
Sus defensores señalan similitudes anatómicas con otros primates frugívoros: longitud del intestino, tipo de dentición o composición de la saliva, y proponen que una dieta rica en fruta fresca sería la más afín a nuestra fisiología.
Es importante ser transparentes: esta hipótesis no cuenta con consenso científico. La antropología y la fisiología humana muestran una especie omnívora adaptable, capaz de digerir y aprovechar una gran variedad de alimentos. No la presentamos como un hecho probado, sino como una perspectiva dentro de la naturopatía.
Más allá del debate teórico, hay algo útil y respaldado por la evidencia: aumentar el consumo de fruta y vegetales frescos suele mejorar la ingesta de fibra, agua y micronutrientes en la mayoría de las dietas actuales, que tienden a tener poca cantidad de estos alimentos.
Tomamos esta y otras corrientes naturopáticas como inspiración, no como dogma. Cada plan se adapta a la persona real, sus gustos, su digestión y su vida, no a una teoría cerrada.